sábado, 25 de marzo de 2017

La llegada de Enzo y Gabriel (Parte III) Nos conocemos


De repente me encuentro en una sala muy grande, con mucho frío, me sentía vacía y a la vez tan llena, había sido mamá. Nunca sabré si mi sensación de bienestar y tranquilidad se debía al chute de medicamentos que llevaba encima o a que realmente creía que ya había pasado lo peor y que mis bebés estarían con su papá mientras yo me recuperaba de la anestesia.

La falta de información, el no saber que pasa cuando los bebés nacen antes de tiempo, hacían que estuviese tranquila.
La gente cuando no lo hemos vivido, solemos pensar que unos días en la incubadora a engordar y todo listo!!
Nadie imagina cuantos aparatitos, remedios médicos, cables y tubos existen para esos cuerpecitos tan pequeños.
¿Cómo lo iba a imaginar yo si nunca lo había visto ni escuchado anteriormente?

Puede ser que mi tranquilidad fuera porque al igual que la gente desinformada, pensaba que estarían un tiempo en la incubadora y a casa.
Fuese por lo que fuese, el caso es que el tiempo que estuve en la sala de al despertar( sala donde despiertas de tu anestesia) fui feliz,y mis únicas preocupaciones fueron que tenía frío y no sentía las piernas.
Me envolvieron en una colcha como una colchoneta de playa que te envolvía al hincharse y por dentro tenía como un secador, enseguida entré en calor.
Las piernas tardaron un poquito más en despertar.
Escuchaba a las enfermeras hablar y tenía ganas de contarles como de bonito había sido todo, como les había visto la carita, y como, aunque entre al quirófano inmersa en una soledad terrible, había salido eufórica sintiéndome mamá, deseando estar con ellos y contárselo al mundo entero!

Me sentía flotando en felicidad. De momento, me fui desvaneciendo en un sueño del que desperté en mi habitación, esta vez si que recuerdo el número. Tuve que marcar con ese número cada gotita de la leche que me extraía para guardársela a los bebés en la lechera de la UCI. Habitación 2C9 y 2C10.
Números grabados en mi mente, números que correspondieron también a sus incubadoras.

De repente tocan a la puerta, mi madre y mis tíos, habían venido desde Alicante. Mi madre acababa de llegar de Madrid a Alicante la noche de antes, pero Víctor la había llamado y mis tíos decidieron venir a acompañarme.
*Mis tíos son para mí mis hermanos, siempre han estado ahí, en cada momento de mi vida.

Pero ese detalle quedará en mi corazón para la historia. Dejar a sus familias y sin pensarlo viajar hasta Madrid a la madrugada, para que mi madre pudiese estar conmigo en esos momentos. No me imagino el viaje que debió pasar mi madre hasta poder verme.

Mi padre pobre lo tuvo peor, lo debió pasar fatal.Trabaja en un barco pesquero que viaja a Ibiza los domingos y regresan a casa los viernes. Y en medio del mar, sin poder volver, tuvo que enterarse de que su hija estaba de parto, y no de un parto cualquiera. Los bebés corrían peligro, sus nietos.

Imaginaos que impotencia, no poder estar con lo que más queréis en el mundo cuando más os necesita!

Se abre la puerta y era mi madre, poco recuerdo de aquel momento, les recuerdo eufóricos, subieron de ver a los bebés, les hicieron fotos, que no me enseñaron hasta pasado un tiempo. Se les veía contentos, o por lo menos fingían estarlo por mi. Creo que habían pasado tanto miedo que en realidad lo que les hacía estar felices era tenerme allí, poderme abrazar y volver a verme.
Saber que después de todo yo “estaba bien”.

Cuando empecé a despertar, llegó una enfermera con una silla de ruedas y me dijo, cuando te encuentres mejor intenta incorporarte, aquí te dejo la silla para que vayas a ver a tus bebés.
Había estado tanto tiempo acostada, que creo que no sentía ni el dolor de la cesárea.
Me incorporé y me llevaron a la UCI.
Víctor se movía con mucha soltura parecía que se conocía el hospital de “pe a pa”. Claro había estado viviendo por aquellos pasillos una semana.

Llegamos a un pasillo donde en cada habitación, llamadas box se abrían las puertas hacía los lados, se abrían solas, como cuando en las películas de hospitales los médicos entran a operar.
Por el momento me sentía nerviosa por conocerles, esa era mi única sensación, hasta que entré allí.
Impactante, no sabía hacia donde mirar, de repente me rodearon muchas personas vestidas de verde, me hablaban y aturdida, solo escuchaba voces, voces que pasaban muy deprisa.

Todas esas personas eran médicos, rodeando las incubadoras de mis bebés, conectando cables, haciendo pruebas, analíticas, comprobando respiraderos,..
Solo podía escuchar el sonido de mil alarmas y miraras donde miraras, bebés malitos conectados a cables.
Y ahí estaban ellos, los más pequeñitos, los más frágiles, los que todas las familias al entrar a la UCI sentían la curiosidad de mirar.






Dentro de sus casitas, (así las quise llamar)

con un cartel que ponía Enzo 2C9 y Gabriel 2C10. Peso de ambos 810 gramos y 24 cm de largo.








De repente todo el mundo se paró y solo estabamos allí papá, una doctora que se nos acercó y yo.
Sus palabras me desgarraron, sus ojos se dirigieron hacia mi mirada perdida y de todo lo que nos dijo, mi mente solo procesó:” Son bebés muy débiles, las próximas horas son cruciales, hay que esperar para saber si todos sus organitos funcionan o no.
Me puse a llorar, esperando como una niña cuando al llorar le dan la respuesta que espera escuchar.
Pero no fue así, ni ella ni nadie tenía respuestas. Nadie podía saber como de valientes iban a ser!!

Me intentó calmar, sin saber que decirme, ofreciendome descanso.¿Cómo se puede calmar a unos padres en esos momentos? Supongo que es la parte de su profesión más desagradable y no hay libros que les puedan enseñar a hacerlo.

“esto es una carrera de fondo, los días pasarán como montañas rusas, pero por el momento hay que esperar, con nuestra ayuda, son ellos los que tienen que empezar a trabajar. Sube a tu habitación y descansa, tienes que recuperarte del pos- operatorio.” La pobre no supo que más decirme.

Y yo no pude soportar ni entender nada más de lo que me decía, sentí morir por dentro, como si me arrancaran con garras todos mis órganos.
Víctor me subió a la habitación,y en el ascensor una mamá feliz, me dio la enhorabuena. ¿ Has sido mamá? Qué felicidad se siente, verdad? mi bebé ha pesado 2 kilos 200 gr, es muy bonito se llama J. Y está en cuidados medios! Y el tuyo?
No supe contestar, agache la cabeza hundiendo la barbilla en mi clavícula y lloré, lloré con mucha rabia.
Por qué a nosotros? Por qué dos bebés tenían que luchar por sus vida nada más nacer?
Por qué ellos, tan inocentes, tenían que sufrir? Por qué no tenían derecho a vivir? con la gente tan mala que hay en el mundo!!

Llegué a mi habitación abatida, hubiera deseado encerrarme allí para siempre y olvidar el mundo entero. Pero como iba a hacerlo si mis bebés con tan solo 800 gramitos y unas horas de vida luchaban como guerreros por sobrevivir? ¿Cómo iba yo a hundirme?
Me necesitaban, necesitaban mi calor, mi olor y el amor de una mamá.
Y es aquí donde realmente me convertí en madre, en una madre leona que permanecerá al lado de sus cachorros cada segundo de sus vidas.




                                                                                                                                             Continuará......



domingo, 12 de marzo de 2017

Family weekends

Hola chicas!! 
Quiero contaros tanto, que no puedo esperar. De momento voy con los posts de nuestra experiencia en Madrid, pero es cierto que no solo abrimos el blog para ello. 
Queremos compartir también experiencias como familia de 4. Una familia de gemelos, joven, divertida,  y con mucha ganas de vivir!!
Las entradas sobre la llegada al mundo de los peques, me llevan mucho tiempo. Me pongo a escribir y mi mente no para de recordar mil y un momentos que no terminarían nunca. Quiero expresar cada  uno de mis segundos, lo que viví y sentí.
Después de todo, hay que revisar el texto, editarlo, elegir fotos, editarlas y subir.
 Me lleva varios días y con los peques, pues... ya sabéis, no puedo publicar como me gustaría, cada dos o tres días.

Me apetecía contaros un poquito lo que hacemos durante los fines de semana, como éste tan primaveral. Y que me contéis que habéis hecho vosotras!!

Bueno, pues hoy Víctor tenía torneo de padel , así que como ha sido muy temprano no hemos ido a verle, y hemos aprovechado para dormir, jejeje. Sobre las 10 h nos despertamos y  he bañado a los peques. 
La ropita que les he preparado hoy, ha sido un conjunto de pelele a cuadritos marino y blanco, con los leotardos en azul marino y su bolerito en el  mismo tono.
La marca de este outfit es Neck and Neck
Los "twins" suelen llevar bastante ropa de esta firma, calidad precio está muy bien y me permite llevarles vestidos de bebés. Con esto me refiero a que tienen un estilo clásico y a la vez actual, siempre encuentro lo que busco, además tienen los leotardos, rebecas y complementos en los mismos tonos. Por lo que no hay que complicarse buscando después.

Aquí tenemos a Gabrielete haciendo de modelo, jajajaja, se le da muy bien!!

























Yo hoy me he decidido por un look más clásico de lo que he lucido durante la semana. Me he decantado por unos leggins negros de tiro alto de Zara combinado con una camisa cuerpo volantes blanca y unas bailarinas plateadas. Y le he dado un toquecito rockero con la cazadora de poli piel negra.
















Una vez estabámos "ready" hemos ido a la peluquería, llevaba unos pelos.....
Después cervecita con las amigas, allí ha llegado Víctor, super contento, han ganado el torneo!!



Después del picoteo al sol, decidimos tomar un heladito. Qué bueno, el primero del año!!

Me encantan!! Me he pedido una horchatita con granizado de limón, los habéis probado alguna vez? delicioso, os lo recomiendo!!





















Sobre las 18:30h nos hemos ido a Alicante a hacer algunas compritas. Víctor necesitaba algo de ropa de deporte y a los peques les hemos comprado de complementos del Corte Inglés unas gorritas para el verano monísimas.
Yo también he picado con un gloss de Cristian Dior rojo, siempre suelo llevar ese color, me pierden los  rojos, son un vicio!! Además siempre suelo perderlos por los bolsos, después vuelven a aparecer,  no os pasa?

Cuando hemos terminado teníamos hambre y hemos cenado en una cadena de restaurantes de pinchos, situada en el centro. Están muy buenos, tienen mucha demanda, si no espabilas, no coges mesa!!

Sobre las 21:00h para casa, llegamos ponemos pijamas y un poquito de juego que es sábado. Los pollitos están bastante despiertos, después de su mini siesta llegando a casa, en el coche.
Se han puesto a jugar, primero todo eran risitas pero al final hemos terminado un poquito mal, Gabriel con sangre en el labio por un arañazo de su hermano, llantos y más llantos. Así que  todos a la cama!













 Domingo, nos hemos levantado bastante tarde, estábamos todos muy cansados, de toda la semana. Los bebitos han tenido que ir el lunes y el martes a hacerse una prueba ( potenciales evocados) , es una prueba que estudia la actividad eléctrica neuronal.
Hemos tenido que levantarnos muy temprano y ya hemos ido arrastrando el sueño durante toda la semana.
Así que hemos salido de casa sobre las 14:00h después del bañito.

 Los peques nos han acompañado con sus temas de conversación, mientras papá y yo nos vestimos

Decidimos ir a comer con la familia a un restaurante de carne a la brasa.El postre me ha alucinado, fresas en sopa de chocolate blanco!!
Al salir aprovechando los rallitos de sol que quedaban hemos dado un paseito y hecho algunas fotos.
Aquí os las cuelgo!


























La tarde la hemos pasado en casa, papá quería "soufing" ja, ja, ja. Después he ido al Mc donald´s me pierde la comida basura.
Cenita, un poquito de blog, insta y a dormir.GOOD NIGHT!





Mañana lunes ohhhhh!!

Me despido mis chicas, muchos besitos!!





miércoles, 8 de marzo de 2017

La llegada de Enzo y Gabriel ( Parte II)


Mi ingreso en el hospital.

...Víctor se quedó atónito, sin saber que hacer, se quedó blanco y yo super nerviosa, temblaba y solo podía llorar, apenas podía articular palabra, le decía a Víctor llama, llama!! y el pobre decía donde llamo? llama a recepción o al número 112 ese!!
Por un momento Víctor volvió en sí y le escuché hablar con el 112, le preguntaron todo lo que se podía preguntar antes de venir. Los segundos se me hicieron eternos.

Bajé a recepción con un camisón de Minnie Mouse rosa y unas bailarinas de purpurina dorada que me había comprado el día de antes, fue lo primero que pillé.
No se si podéis imaginaros la situación, la habitación llena de bolsas, de ropa, todo por medio, lo típico de cuando vas de viaje, un desastre, y allí se quedó todo.

Al llegar a recepción me imaginaba que todo sería como en las películas en las que una mujer se pone de parto, todos me estarían esperando con la ambulancia. Pero no fue así, allí solo estaba la recepcionista, que no me ofreció ni una silla, yo atónita como si flotara en un sueño en el que nadie me veía ni escuchaba. Nadie y cuando digo nadie es nadie, en toda la puerta de sol nadie me miró!!

Y allí estaba yo con mi camisón, mi pelo despeinado y mis bailarinas, aguantándome con un papel mis partes, como si yo pudiera frenar el líquido que caía.
Víctor ni hablaba, solo se escuchaba de fondo la sirena de la ambulancia, perdida, no sabía llegar al hotel, la oíamos una y otra vez rondando por nuestras calles, desesperante!!

Finalmente un guía que hacía excursiones para el hotel se apiadó y fue a buscar la ambulancia y la dirigió hasta el hotel. Nunca le olvidaré, aunque no recuerdo ni su cara, en mi corazón siempre permanecerá guardado mi agradecimiento hacia ese señor.

La ambulancia llegó y otra vez tuve la esperanza de que pudieran hacer algo al recogerme. Algún medicamento, suero, algo. Pero fue más de lo mismo, nadie hablaba, nadie podía darme diagnóstico, era como si la gente supiera que todo estaba perdido! O como si estuviesen acostumbrados a cualquier cosa.
Debía de ser eso!!

Al entrar lloré, lloré con Víctor mientras nuestros peores pensamientos inundaban nuestras cabezas. Me preguntó: el bebé que no ha roto la bolsa se podría salvar?
le respondí un “no”,entre lágrimas y hasta ahí llegó nuestra conversación.

La enfermera de la ambulancia rompió nuestro silencio preguntando de cuantas semanas estaba, al responder que de 24, la ambulancia se paró y se pusieron a llamar a hospitales, cada segundo que pasaba sentía morir, morir por dentro, sin saber que me iba a pasar, que le iba a pasar a lo que más quería en el mundo, sin apenas conocerles.

Por fin la ambulancia volvió a arrancar y nos informaron que nos dirigían al Hospital Universitario Gregorio Marañón. Yo ya más muerta que viva, en mi mente,solo pensaba en lo peor.
No sabía donde íbamos, solo me sonaba el nombre del Hospital de escucharlo por las noticias, sentí por momentos ser extranjera y estar en un país en el que ni siquiera entiendes el idioma.

Perdida y aterrada, entre el sonido de las sirenas, entramos en un túnel. Siempre recordaré el ruido de las ruedas golpeando contra una chapa de tubería que había en el suelo, de momento todo se oscureció, y me recordó a las noticias, cuando sucedió el atentado del 11M. No se si vi ese hospital por televisión o fue la percepción del miedo que sentí, pero aún hoy al recordar ese ruido, siento esa sensación de pánico e inseguridad que me envolvió en aquel momento, tan difícil de olvidar.

Una vez en urgencias, me colocaron las cintas que se ponen cuando vas a monitores, para controlar las pulsaciones del bebé, si hay o no contracciones, el nivel y tiempo en que se producen.
Seguía sin saber que iba a pasar, me hicieron una analítica y pasé a ver a la ginecóloga. Era una chica muy joven, además no muy cariñosa, para este tipo de situaciones.
Su primer diagnóstico fue que me orinaba, le respondí que sabía que no me orinaba, pero que ojalá fuera solo eso. Me dijo que muchas embarazadas sin darse cuenta se orinan. que era algo normal y que nos podíamos ir a casa, que todo estaba bien, por lo que como no podía volver mojada y en camisón al hotel, Víctor cogió un taxi y fue a por mi ropa.

Mientras tanto, sola, empecé a tener contracciones, me tumbaron y me hicieron por segunda vez una prueba que indica si era líquido amniótico lo que perdía o no, me volvió a salir negativo, pero como tenía contracciones me quedé ingresada.
Llamamos a mi madre, contándole lo que había pasado, ella se encargó de llamar al resto de la familia, en principio todo quedaba en un susto. Y yo me quedaría en el hospital en observación por esa noche.
Todavía no había pasado ni un par de horas, desde que me habían pasado a planta, que volví a sentir como me caía otra vez el líquido, ahora del color de la sangre.
Las enfermeras llamaron a la ginecóloga, repitieron el test, y no hizo falta resultado, solo con la expresión de su cara, supimos que la cosa no iba bien. Efectivamente salió positivo, una placenta estaba rota. La de Enzo.

Os preguntareis, ¿ por qué tenía que ser la de Enzo?
Por que su papá quiso que el primer bebé en nacer se llamara Enzo y así fue.

Volvemos a la habitación de hospital. No se deciros ni que número era, por que no salí de allí en una semana. De urgencias me subieron en una silla de ruedas a la habitación, y como de dentro de la ambulancia no se veía nada, no sabía ni donde me encontraba, totalmente desubicada. Una sensación muy rara. De la habitación del hotel, a esa tan fría. Mis vistas fueron durante 7 días, una ventana con rejas que daba a un pasillo solitario.


Estuve acostada durante todo ese tiempo, recuerdo la voz de una enfermera diciéndome: no te muevas, has de ser una incubadora humana, y eso es lo que fui. Ni para ir al baño me levantaba, tan solo para ducharme cada mañana, ese momento junto con el horario de las comidas se convirtieron en los mejores ratitos del día, durante toda esa semana.

Continuamente venían a visitarme enfermeras y ginecólogas, solo puedo dar las gracias a todas ellas, me sentí muy bien cuidada, fueron todas muy cariñosas, por las noches venían y me ofrecían tomar algo calentito, para que descansara mejor.
Sabía el tiempo que había pasado mientras estaba ingresada, por sus turnos, trabajaban dos días y libraban uno. Al volver cada una de ellas de su día libre, venían a visitarme,con la voz en alto de buenos días princesa !! un día más!! a mi y al resto de chicas que estaban en esa planta nos alegraban los días.


Ellas también se ponían contentas de encontrarnos todavía allí, eso quería decir que los bebés seguían dentro.

Pero de entre todas las visitas, la que más nos tranquilizó fue la de una médica neonatóloga a la que guardo mucho cariño.
Entró por la puerta con un semblante serio, pero me habló muy dulce, me explicó que podría pasar y qué protocolo se sigue en esos casos.
Nosotros solo queríamos oír de su boca, si los bebés sobrevivirían en caso de que me pusiera de parto.
Todavía recuerdo su voz y su mirada fija hacia nosotros, desde los pies de la cama, diciendo:
En estas semanas la probabilidad de supervivencia es alta, aunque son prematuros muy extremos, pueden sobrevivir. Y en este hospital estamos preparados para recibirlos, pero por supuesto no les vamos a invitar! Y vamos a hacer lo posible para que no quieran salir!!

Me dijo que estábamos en el mejor Hospital de Europa en cuanto a neonatología. Y no se equivoca.
Nos explicó todo, paso por paso, diciendo ente otras muchas cosas, que era muy importante que los bebés lloraran al nacer, eso significaría que la cosa estaba yendo bien.
Fue muy clara y contundente, pero sus palabras nos tranquilizaron.
Se despidió diciendo: tú solo piensa que eres una campeona y que ya llevas tres días en cama. Cada día en tu tripa, equivale a una semana de incubadora!!

Ya 4 días y los bebés todavía permanecían ahí dentro, se iban sumando días, pero también perdía cada vez más líquido amniótico del que producía.

Por eso el control tan riguroso, a cada momento se me monitorizaba para escuchar sus corazones, la tensión era horrible, al ser dos y tan pequeños, costaba encontrar sus latidos, así que, imaginaos por un segundo, no escuchar el corazón de vuestros pequeños, el silencio se hace eterno, cuando de repente: pum, pum, pum, pum. Ahí están, qué alegría oírles!!

A todo esto había que sumarle los medicamentos y sueros que tenía al día, ya no me cabían más agujas ni hematomas en el cuerpo, que sí pinchazo para que me circulara bien la sangre, que si otro para la maduración de los pulmones de los peques (corticoesteroides prenatales), antibióticos para que no se produjera ninguna infección y pudiera pasar a los bebés, y tocolíticos que son unos ciclos de medicamento, para frenar las contracciones.

En fin, los días eternos fueron pasando y llegó el viernes, ya llevábamos casi una semana, por fin mis padres podían venir a visitarme, solo pudimos abrazarnos muy muy fuerte, hasta conseguir dejar de lado la emoción y hablar.
Ellos como cualquier padre o madre lo haría, intentaban animarme, ocultando su tristeza y preocupación. Me trajeron varios regalos y dulces de gente de mi pueblo que me mandaba su apoyo.
Mi padre no paraba de decir tonterías y bromas, pero la expresión de su cara no era la de siempre, sus ojos tristes no acompañaban a su sonrisa.
Mi madre se quedó esas dos noches conmigo, en el sillón en el que Víctor había mal dormido 5 noches.





Por fin el pobre iba a descansar en una cama!!



Anécdota:“Os voy a contar algo que fue muy gracioso, casi nunca salía del hospital, para no dejarme sola pero cuando lo hacía, me iba describiendo que había por el alrededor, para que yo me lo imaginara. Uno de esos días vino diciendo que había visto un Corte Inglés y le dije, pregunta si te dejarían ponerte en la habitación por la noche un colchón hinchable, y vas y te lo compras !!
Pero como es tan bueno que no quería dejarnos ni por un segundo, lo compró por Internet, dando la dirección del hospital. Y Claro nunca llegaba!! Total que al final fue y compró uno al Corte Inglés. La dependienta le dijo que era muy bueno y que se hinchaba solo, el pobre se vino super ilusionado y el colchón casi podía caber en el bolsillo de una chaqueta. Al inflarlo os podéis imaginar! Jajaja, era la típica esterilla de tienda de campaña! jajaja eso me hizo reír, incluso le hice fotos!!
Imaginar nuestra habitación, las maletas, las compras que habíamos hecho, la ropa que Víctor se lavaba, tendida de la ducha, la alfombrilla, aquello parecía un camping!!”



Mis padres estuvieron allí hasta el domingo, hablábamos de cuando nacerían los bebés, unos apostábamos en agosto, otros a finales de julio. Mi madre decía que si ya había aguantado tanto, por qué no iban a aguantar más dentro de mi tripita?

Por la mañana empecé a tener contracciones y llevaba dos días manchando mucho.
Las enfermeras me dijeron que si no se me pasaba me volverían a poner otro ciclo más, ya que habían pasado los tres días desde el primero.
No hizo falta, las contracciones cesaron. Me animé pensando que tal vez mi familia tenía razón, ya había pasado una semana. Y por qué no otra?
Llegó la tarde y las despedidas también, mis padres se tenían que ir de vuelta a Villajoyosa, un pueblecito de la costa en Alicante.
Mientras yo pasaba la tarde abanicándome, nunca había pasado tanto sofoco, incluso con el aire acondicionado puesto, estaba asada de calor. Algo se acercaba.
Hacia las 16:00h empezaron otra vez las contracciones, la enfermera de esta hora no fue tan amable, me las controlaba, pero me dijo que todas las embarazadas teníamos contracciones y que había que aguantar.
¿qué quería que aguantara? ¿ No sería un aviso de que los pequeños querían salir?

Hacia la noche, a eso de las 20:00h me pusieron un gotero, para intentar frenarlas.
Cada vez eran más fuertes, así pasé horas y horas, mientras me iba visitando la ginecóloga para ver si el cuello del útero estaba más corto.
Sobre las 22:00h no podía más, les dije:
 "por favor parar esto como sea!! me respondieron que si no se frenaban las contracciones, ya poco se podía hacer y me bajaron a paritorio.
Mientras me bajaban en la cama,, retorciéndome de dolor mi cabeza apoyada en la almohada, solo recuerda paredes y techos blancos de pasillos larguísimos.
Yo creía que al llegar a paritorio el tema terminaría rápido, una cesárea y los bebés fuera. Adiós dolor y hasta luego sufrimiento.
Pero el dolor duró 10 horas más y el sufrimiento todavía nos acompañaría meses y meses, hasta salir todos del hospital.

En aquella sala pasamos la noche,nunca supe donde habían nacido mis bebés, por que entre los nervios de Víctor, el miedo y mi dolor, nuestra mente estaba en blanco, como para recordar con nitidez los pasillos de aquella sala. Solo recuerdo que estaba oscuro, que yo gritaba y gritaba, mientras Víctor encogido en una silla lloraba sin parar. Me pincharon varias veces, para que no sintiera dolor. Le pedía continuamente a la ginecóloga que los sacara , que me moría.
Ella me decía que tenía que hacerlo por ellos, aguantar a ver si retrocedía el parto, y dilaté hasta 6 cm y medio. No quería aguantar más dolor, sabía que mi cesárea ya iba a ser inminente, los peques querían salir, ¿ por qué me dejaban pasar tanto dolor?

Pues por una razón muy importante, los corticoesteroides prenatales son vitales para los bebés prematuros, aceleran su maduración pulmonar y el pinchazo que me habían puesto para ello, tenía que hacer efecto.
Así que hacia las 10.00h de la mañana me metieron a quirófano,como un zombi, pero un zombi aterrado, con mucho miedo.
Me sentí sola ante tanto. Siempre recordaré aquel momento de impotencia acompañado de terror, me sentí como una niña cuando la separan de su padre. El rostro de Víctor, entre lágrimas,sin querer soltar la barra de mi cama, reflejaba miedo, y rabia por tenerme que dejar. La camilla empezaba a moverse, mientras me iba hacia dentro, dejándolo solito. Empecé a sentir frío, el frío de un quirófano, que hace que tu cuerpo tiemble incontrolada mente, hasta que finalmente te sedan.

Solo veía entre mi nublada y aturdida vista luces, luces en el techo y gente que me hablaba.
Entre todas las voces recuerdo dos. Primero, la de un hombre muy cariñoso, que me dijo :
no te va a pasar nada, yo estoy aquí contigo, mientras me acariciaba la cara.
De mis ojos caían lágrimas, sin apenas mover los párpados.
Me acurrucaron como un caracol, para pincharme la epidural y sentí que flotaba, se que estaba en una camilla, pero me sentía en el aire, como si me estuvieran sujetando dos hombres en brazos.
Ya no podía pasar más miedo, ni dolor, así que me dije Marta lo que tenga que ser, será, y como quien entrega su cuerpo, por que ya no puede más con el alma, dije dentro de mí, me rindo!

Y de repente mucho olor a pollo quemado, dos meneos de tripa y entre el silencio un llanto como el de un gatito que acaba de nacer, un llanto débil pero continuo.
10:39 h sentí felicidad, al mismo tiempo que me decían mira este es tu bebé Enzo, (esa fue la segunda voz preciosa que recuerdo) y envuelto en una sábana me lo enseñaron muy rápido, pude verle la carita, una carita redondita y pequeña.
Pensé venga ya está, todo ha salido bien, ha llorado!! ahora falta Gabriel, solo necesitaba escuchar su llanto para llenarme de energía y todo habría pasado. O al menos eso creía yo.
10:45 h, 6 minutos después que su hermanito, nacía el pequeño de los dos, con la cara más larguita y el mismo mini llanto, me lo enseñaron y se los llevaron, me dijeron vamos a enseñárselos a papá.




Papá estaba desesperado, pasillo arriba pasillo abajo, solo preguntaba por mi, dice que lloró y sintió mucho miedo de perderme.

















Por primera vez conocería a sus peques y a la que sería su habitación por un tiempo. La UCI.

Continuará.....




viernes, 3 de marzo de 2017

La llegada de Enzo y Gabriel ( Parte I )

El viaje a Madrid.


17 de junio del 2016, llegábamos a Madrid, después de haber terminado la graduación de los peques de mi trabajo, mi marido me propuso tomarnos “Un fin de semana de romántico”  jejeje, como solemos llamarlo nosotros. 


Asistimos previamente al ginecólogo por que como sabéis no tuve un embarazo fácil, el médico nos dijo que todo estaba bien, que el cuello del útero estaba un poquito más corto pero que eso de momento no era problema, que me cogiera la baja laboral y listo. Por lo que nos pusimos en Marcha a preparar nuestro fin de semana.  Estuvimos mirando varios destinos, Cádiz, Formentera, Menorca y finalmente mi marido Víctor propuso Madrid. Pensé que era buena opción por que no estaríamos “ lejos de casa” y con el AVE ahora desde Alicante son 2 horitas aprox. Además de novios siempre solíamos ir a Madrid, nos gustaba mucho ir a comprarnos ropa, probar restaurantes, etc...

Total que así lo hicimos, el viernes preparamos nuestras maletas y nos plantamos en Madrid, ¡¡¡Quien nos diría que para 3 meses y medio!!!

La primera noche estuvimos dando un mini paseo por Sol, cenamos en una cadena de restaurantes de comida rápida y tomamos un helado, nunca he comido tantos helados, como cuando estaba embarazada. Al día siguiente cogimos un bus que nos llevaba a las Rozas, nos encanta este centro comercial Las Rozas Village Outlet, es una pasada!!

He de deciros que nunca me he sentido culpable de lo que nos pasó, pero que si que he tenido alguna vez algún pensamiento negativo revoloteando por mi cabeza, como enemigo que quiere hacer que mi cabeza y corazón se culpabilicen. Éste me recuerda, que tal vez ese día me pasé, me pasé de estar de pie, de andar, de comer chocolate, de morirme de ilusión comprándoles ropita a los peques, y que quizás debería haber sido más prudente y tomarme el viaje de una manera más relajada. El pensamiento existe,  por el hecho que me encontraba algo cansada,me pesaba la barriga, las patadas en el bajo vientre eran continuas y mis piernas ya se hinchaban. 

Mucha emoción en el día, tal vez, pero en fin... no se puede volver a atrás y jamás lo hubiese hecho si hubiese sabido que realmente sucedió por eso, o pasó por que tuvo que pasar.

A la llegada al hotel, sobre las 19:00h descansamos y a eso de las 21:00 salíamos a cenar a un restaurante que me encanta, mi marido me quiso dar una sorpresa, habíamos ido cuando eramos novios con tan solo 19 añitos, la primera vez fue muy divertida, Víctor tuvo que volver al hotel a por dinero jajaja, casi nos quedamos a fregar los platos!! Todo estaba saliendo como imaginábamos, un fin de semana romántico, con el plus de que íbamos a ser papás, doble alegría. No podíamos ser más felices, lo teníamos todo, ¿qué más se puede pedir? Me decía Víctor y yo le contesté que a veces me daba miedo ser feliz, por que todo no podía ser tan bonito, tal vez la vida nos guardaba algo malo, él me decía que la felicidad existe y cada uno la encuentra donde quiere y que si para nosotros ser felices era ser papás, por que no íbamos a poder serlo?

Nos fuimos hacia el hotel enamoradísimos y super felices, antes de dormir me hice fotos sin ropa de la tripa y de mi cuerpo, Víctor me decía estas preciosa y yo solo posaba. Nos acostamos, la verdad es que la cama era  bastante incómoda, pero finalmente conseguimos coger el sueño.

Hacia las 8 de la mañana, mi cuerpo hambriento se despertó, solo pensaba en el buffet del desayuno del hotel, siempre me han encantado, y embarazada pues... terminaba con el bacon y los huevos fritos de todo el hotel jejeje. Me desperté y le dije a Víctor vamos a desayunar y volvemos a acostarnos? nuestra llamada siesta del borrego, es la mejor!!! 

Él, me respondió que no bajaba, que tenía sueño. Pensaba que podría convencerlo, fui al baño, hasta ahora todo normal, y pensé voy a tumbarme un poquito más y ahora le vuelvo a preguntar, cuando de repente sentí como un flujo vaginal, todas sabéis de que hablo, pensé que simplemente sería eso, e intenté dormirme, volví a sentirlo y  eso me despertó,creí que era algo extraño, sentirme tan mojada!! Fui al baño, al limpiarme era como agua, pero que es esto? Volví a limpiarme y ya era un color rosáceo, mi corazón empezó a bombear muy rápido y mi cuerpo a temblar, empecé a sentir todos los dolores que se pueden presentar en un embarazo, cuando algo no va bien. Llamé a Víctor y le dije: despierta he roto una bolsa!! imaginaos el pobre que despertar!!


-¿Pero qué dices? Gritó!
- O eso o me estoy orinando encima!!le respondí!

Sabía que había roto una bolsa, unos meses antes una amiga había sufrido lo mismo en la semana 28 embarazada de gemelos, y una mujer que conocía perdió a su bebé días antes por lo mismo, en la semana 20...

No podía parar de pensar en ellas, el miedo me aterraba, que iba a pasar?    Continuará...