sábado, 25 de marzo de 2017

La llegada de Enzo y Gabriel (Parte III) Nos conocemos


De repente me encuentro en una sala muy grande, con mucho frío, me sentía vacía y a la vez tan llena, había sido mamá. Nunca sabré si mi sensación de bienestar y tranquilidad se debía al chute de medicamentos que llevaba encima o a que realmente creía que ya había pasado lo peor y que mis bebés estarían con su papá mientras yo me recuperaba de la anestesia.

La falta de información, el no saber que pasa cuando los bebés nacen antes de tiempo, hacían que estuviese tranquila.
La gente cuando no lo hemos vivido, solemos pensar que unos días en la incubadora a engordar y todo listo!!
Nadie imagina cuantos aparatitos, remedios médicos, cables y tubos existen para esos cuerpecitos tan pequeños.
¿Cómo lo iba a imaginar yo si nunca lo había visto ni escuchado anteriormente?

Puede ser que mi tranquilidad fuera porque al igual que la gente desinformada, pensaba que estarían un tiempo en la incubadora y a casa.
Fuese por lo que fuese, el caso es que el tiempo que estuve en la sala de al despertar( sala donde despiertas de tu anestesia) fui feliz,y mis únicas preocupaciones fueron que tenía frío y no sentía las piernas.
Me envolvieron en una colcha como una colchoneta de playa que te envolvía al hincharse y por dentro tenía como un secador, enseguida entré en calor.
Las piernas tardaron un poquito más en despertar.
Escuchaba a las enfermeras hablar y tenía ganas de contarles como de bonito había sido todo, como les había visto la carita, y como, aunque entre al quirófano inmersa en una soledad terrible, había salido eufórica sintiéndome mamá, deseando estar con ellos y contárselo al mundo entero!

Me sentía flotando en felicidad. De momento, me fui desvaneciendo en un sueño del que desperté en mi habitación, esta vez si que recuerdo el número. Tuve que marcar con ese número cada gotita de la leche que me extraía para guardársela a los bebés en la lechera de la UCI. Habitación 2C9 y 2C10.
Números grabados en mi mente, números que correspondieron también a sus incubadoras.

De repente tocan a la puerta, mi madre y mis tíos, habían venido desde Alicante. Mi madre acababa de llegar de Madrid a Alicante la noche de antes, pero Víctor la había llamado y mis tíos decidieron venir a acompañarme.
*Mis tíos son para mí mis hermanos, siempre han estado ahí, en cada momento de mi vida.

Pero ese detalle quedará en mi corazón para la historia. Dejar a sus familias y sin pensarlo viajar hasta Madrid a la madrugada, para que mi madre pudiese estar conmigo en esos momentos. No me imagino el viaje que debió pasar mi madre hasta poder verme.

Mi padre pobre lo tuvo peor, lo debió pasar fatal.Trabaja en un barco pesquero que viaja a Ibiza los domingos y regresan a casa los viernes. Y en medio del mar, sin poder volver, tuvo que enterarse de que su hija estaba de parto, y no de un parto cualquiera. Los bebés corrían peligro, sus nietos.

Imaginaos que impotencia, no poder estar con lo que más queréis en el mundo cuando más os necesita!

Se abre la puerta y era mi madre, poco recuerdo de aquel momento, les recuerdo eufóricos, subieron de ver a los bebés, les hicieron fotos, que no me enseñaron hasta pasado un tiempo. Se les veía contentos, o por lo menos fingían estarlo por mi. Creo que habían pasado tanto miedo que en realidad lo que les hacía estar felices era tenerme allí, poderme abrazar y volver a verme.
Saber que después de todo yo “estaba bien”.

Cuando empecé a despertar, llegó una enfermera con una silla de ruedas y me dijo, cuando te encuentres mejor intenta incorporarte, aquí te dejo la silla para que vayas a ver a tus bebés.
Había estado tanto tiempo acostada, que creo que no sentía ni el dolor de la cesárea.
Me incorporé y me llevaron a la UCI.
Víctor se movía con mucha soltura parecía que se conocía el hospital de “pe a pa”. Claro había estado viviendo por aquellos pasillos una semana.

Llegamos a un pasillo donde en cada habitación, llamadas box se abrían las puertas hacía los lados, se abrían solas, como cuando en las películas de hospitales los médicos entran a operar.
Por el momento me sentía nerviosa por conocerles, esa era mi única sensación, hasta que entré allí.
Impactante, no sabía hacia donde mirar, de repente me rodearon muchas personas vestidas de verde, me hablaban y aturdida, solo escuchaba voces, voces que pasaban muy deprisa.

Todas esas personas eran médicos, rodeando las incubadoras de mis bebés, conectando cables, haciendo pruebas, analíticas, comprobando respiraderos,..
Solo podía escuchar el sonido de mil alarmas y miraras donde miraras, bebés malitos conectados a cables.
Y ahí estaban ellos, los más pequeñitos, los más frágiles, los que todas las familias al entrar a la UCI sentían la curiosidad de mirar.






Dentro de sus casitas, (así las quise llamar)

con un cartel que ponía Enzo 2C9 y Gabriel 2C10. Peso de ambos 810 gramos y 24 cm de largo.








De repente todo el mundo se paró y solo estabamos allí papá, una doctora que se nos acercó y yo.
Sus palabras me desgarraron, sus ojos se dirigieron hacia mi mirada perdida y de todo lo que nos dijo, mi mente solo procesó:” Son bebés muy débiles, las próximas horas son cruciales, hay que esperar para saber si todos sus organitos funcionan o no.
Me puse a llorar, esperando como una niña cuando al llorar le dan la respuesta que espera escuchar.
Pero no fue así, ni ella ni nadie tenía respuestas. Nadie podía saber como de valientes iban a ser!!

Me intentó calmar, sin saber que decirme, ofreciendome descanso.¿Cómo se puede calmar a unos padres en esos momentos? Supongo que es la parte de su profesión más desagradable y no hay libros que les puedan enseñar a hacerlo.

“esto es una carrera de fondo, los días pasarán como montañas rusas, pero por el momento hay que esperar, con nuestra ayuda, son ellos los que tienen que empezar a trabajar. Sube a tu habitación y descansa, tienes que recuperarte del pos- operatorio.” La pobre no supo que más decirme.

Y yo no pude soportar ni entender nada más de lo que me decía, sentí morir por dentro, como si me arrancaran con garras todos mis órganos.
Víctor me subió a la habitación,y en el ascensor una mamá feliz, me dio la enhorabuena. ¿ Has sido mamá? Qué felicidad se siente, verdad? mi bebé ha pesado 2 kilos 200 gr, es muy bonito se llama J. Y está en cuidados medios! Y el tuyo?
No supe contestar, agache la cabeza hundiendo la barbilla en mi clavícula y lloré, lloré con mucha rabia.
Por qué a nosotros? Por qué dos bebés tenían que luchar por sus vida nada más nacer?
Por qué ellos, tan inocentes, tenían que sufrir? Por qué no tenían derecho a vivir? con la gente tan mala que hay en el mundo!!

Llegué a mi habitación abatida, hubiera deseado encerrarme allí para siempre y olvidar el mundo entero. Pero como iba a hacerlo si mis bebés con tan solo 800 gramitos y unas horas de vida luchaban como guerreros por sobrevivir? ¿Cómo iba yo a hundirme?
Me necesitaban, necesitaban mi calor, mi olor y el amor de una mamá.
Y es aquí donde realmente me convertí en madre, en una madre leona que permanecerá al lado de sus cachorros cada segundo de sus vidas.




                                                                                                                                             Continuará......



5 comentarios:

  1. Madre mía Marta tengo el corazón en un puño, como lo cuentas transmites tanta emoción. Super madre leona. marisantiso_manualidades

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  2. Que pasada de blog wstoy enganchadisima😊

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  3. Y por supuesto marta y victor sois unos luchadores natos os felicito por vuestro trabajo yo tengo 2 hijos y he sufrido pero vuestra historia es increíble os merecéis ser felices!

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    1. muchísimas gracias bonita y enhorabuena por tus dos peques, la felicidad siempre llega!!

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  4. Como engancha leerte. Siento tantísimo que hayáis tenido que pasar por esta experiencia tan dura....nadie debería de pasar por ello. Enhorabuena por la familia tan bonita y guerrera en la que os habeis convertido❤

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